Mala educación

Hace varios años que repetimos la visita al Parque Natural de Cabárceno en Cantabria. Invito a quien todavía no lo haya visitado que no tarde en hacerlo y disfrute de una extensión única en el mundo donde osos, elefantes, jirafas, leones o lobos viven en cierto libre albedrío.

Este año, durante la exhibición de las aves rapaces, los profesionales tuvieron que llamar la atención varias veces al público presente. Las instrucciones que nos repiten una y otra vez antes y durante la demostración no hicieron ninguna mella en aquellos ignorantes que se empeñaban en interrumpir una y otra vez la exhibición y, por tanto, el vuelo de las aves.

Se interrumpía porque algunas personas decidían moverse, irse, levantarse o levantar el parasol en el momento del vuelo de las aves. Inaudito. Daba la sensación de que realmente querían que las rapaces se golpearan contra ellos.

En fin, quizá fuera por la ola de calor; quizá fuera porque, en realidad nos importa un pimiento lo demás si no trata de nosotros; quizá fuera porque la pandemia nos ha dejado más adormecidos que nunca o quizá fuera porque Putin nos lanzó un virus que nos deja agilipollados.

Estos dos últimos años nos han repetido que la pandemia nos iba a cambiar. Que íbamos a salir de esta mejores. ¿Mejores en qué? Me pregunto yo…

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