No dejamos de intentarlo…

Para mí, el mar ofrece un lugar de disfrute y de normalización de ciertas cosas que no debemos olvidar si queremos seguir transmitiendo valores a nuestros hijos.

El valor de cuidar nuestro entorno al pasar una tarde limpiando la playa de basura con otras familias. El valor del esfuerzo, viendo cómo cada año los niños van superando las olas con mayor maestría y, sobre todo, con una sonrisa. El valor de darle importancia a un atardecer porque de nosotros, los humanos, depende que los atardeceres sigan viéndose desde nuestro planeta Tierra. El valor de compartir con las generaciones más mayores nuestro día a día. El valor de adaptarse y de ser flexibles cuando las cosas no salen como uno tenía planeado. O mejor aún, el valor de dejarse llevar sin más (esto último lo tengo pendiente para mí) .

Todo esto de transmitir los valores a los hijos no es fácil pero no dejamos de intentarlo. Al menos que sean conscientes de lo que ven, escuchan, huelen y tocan durante su infancia.

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